Elena Furiase en “Babelia”

 

La he visto nacer, crecer y convertirse en la mujer que hoy es. Vino al mundo con los destellos de los flashes pegados a su piel, pero la única luz que le deslumbra es la de los genes raciales que corren por sus venas. Ha respondido a la llamada del arte con el respeto de quien venera la memoria ancestral de su abuela. Y es que descender de Lola Flores exige, como poco, tener un master en carisma y poderío. Ella, como alumna aventajada, está construyendo el camino directo al éxito.

-Tuviste muy fácil que aceptaran en casa que querías ser artista…
(risas) “Tú sabes que no hubo un día en especial. Desde niña me gustaba mirarme en los espejos, ser muy teatrera, me encantaba que me presentaran y aparecer detrás de una cortina. El artisteo siempre estuvo ahí, pero no me he dado de cuenta que esto es lo mío hasta ahora, que lo estoy viviendo y disfrutando. Yo siempre he sido muy egocéntrica. Siempre me ha gustado llegar a una fiesta y que todos me miraran o, estar hablando, y que todos me escuchen. Mis amigas, cuando empiezo a hablar, siempre dicen:”¡¡foco!!” y hacen la señal como que encienden uno para que me sienta en mi ambiente (risas), pero también tengo claro que tengo que tener cuidado porque no siempre me van a admirar por lo que haga”

-¿Produce vértigo haber nacido en la familia en la que estás?
“No he conocido otra familia. Cuando era niña era algo que asumía con total naturalidad pero, a medida que he ido creciendo y que la gente me admira más por ser una Flores, me intimida un poco porque implica mayor responsabilidad y respeto. Yo creo que paso un examen todos los días”.

-¿Tienes la sensación que te exigen más?
“Sí, pero lo asumo con naturalidad. Sé que me miran con lupa, porque mi familia ha dejado mucha huella, mucho arte desde hace cantidad de años. Supongo que esperan que dé la talla. Yo creo que no lo estoy haciendo tan mal y confío, no sólo en dar la talla, sino en mejorar la raza” (risas)

-En tu casa, la cocina siempre ha sido un lugar de encuentro y de buena celebración, porque siempre se ha cocinado muy bien ¿Cómo va tu idilio con los fogones?
“Bueno, ahí va. Voy haciendo mis pinitos y he conseguido tener un poco más de creatividad culinaria. Ya no me limito a los bizcochos sin gluten, como aquel que te hice un día (risas). Ya experimento con el pollo, invento alguna receta con calabacines. Tengo muy buena maestra en casa, pero no soy alumna aventajada porque no deja que haga nada. No quiere que cojas la sartén, que le cortes las verduras, que prepares el puchero. Ella lo que quiere es que te sientes y veas… y yo así me aburro”.

-¿Eres de estómago agradecido?
“Sí, demasiado agradecido porque me gusta todo. Me encanta comer y no tengo un paladar demasiado exquisito. A mí todo me sabe rico. Me encanta el puchero de mi madre, los arroces que hace con pollo o verduras, el gazpacho de remolacha..”

-¿Algo que no te guste?
“Las espinacas a la crema”.

¡Yo las hago muchísimo! Imagínate que, uno de los días que vienes a comer a casa, las he cocinado ¿qué harías?
“Me las como. Contigo tengo confianza y podría decirte “hazme, por favor otra cosa”, pero me las comería. No obstante, no pasaría eso porque yo sé que, antes de ir, me preguntarías “qué quieres comer, qué te apetece”, porque te conozco y eres así” (risas) Tampoco me gusta la coliflor. La verdura me cuesta”.

-Eso es algo muy normal en los niños ¿Tú eras maniática de pequeña?
“No, para comer no lo era en absoluto. Comía de todo y sola, además. Recuerdo que el pescado me costaba un poco más pero, como me lo ponían con kétchup, me engañaban y lo tomaba. Ahora no puedo tomarme el pescado sin una salsa”

-¿Cómo eran las comidas de niños en la casa Flores?
“Muy divertidas. Yo recuerdo comer mucho con mi prima Alba, con mi hermano Guille siendo muy chiquitito y con mi prima Lola. Esas comidas, no sé por qué, estaban más ricas que las de ahora. Recuerdo el pavo, las patatas fritas, la sopa de fideos, la tortilla, los macarrones, los churros por la mañana con el cola cao. No sé, cantidad de menús que estaban buenísimos. Recuerdo que nos íbamos a la cocina o al salón y veíamos la tele, mientras los mayores estaban en el comedor. No visualizo comidas con los mayores, los niños estábamos separados casi siempre”.

-¿Qué gestos o actitudes no soportas en la mesa?
“Te va a sorprender, pero no soy nada “educada” en ese sentido. Obviamente, no me gusta que se cante en la mesa o se hable con la boca llena, pero soy bastante permisiva. Solo hay una cosa que no soporto: que se suenen los mocos. Es lo que más asco me puede dar de la historia. No lo aguanto ni en la mesa ni fuera de ella”.

-¿Seguís en casa con el ritual de que al hombre es al primero que se le sirve en la mesa?
“Sí, eso no cambia. Salvo que ella una mujer muy mayor o alguien importante, al primero que se le sirve es a mi hermano Guille y, si hay invitados hombres, a ellos. Mi madre lo heredó de mi abuela y yo de mi madre. Es un ritual generacional”.

-¿Un menú perfecto con el que podrían conquistarte?
“Te voy a decir el que me gustaría, no el que debería tomar. De entrante, un buen plato de jamón con pan integral, de plato principal un risotto con crema de champiñones, de segundo un buen filete de ternera con patas fritas y un huevo frito, y de postre una tarta de zanahoria o de queso. Y, para finalizar, un sorbete de limón”.

-Y el menú sano, el que deberías tomar ¿cuál sería entonces?
“De entrante, un poquito de jamón serrano. De plato único, unas verduritas salteadas con un poquito de pollo al curry con soja. O ensalada de tomate con ventresca y queso fresco, que completaría con el pollo al curry con verduritas. De postre, un bizcocho con harina de avena o de garbanzo”.

-¿Por qué te ha dado ahora por este tipo de comida healthy?
“Porque llevaba tres años manteniéndome en el mismo peso, entre 58/60, pero no me veía bien. Me notaba hinchada y hacía mal las digestiones. Un amigo cantante, Xuso Jones, me dijo que fuera a una especialista que me iba a enseñar a comer y que me sentiría mejor. Comida sana, natural, sin pastillas ni barritas. Echo de menos algunas cosas, pero es cierto que se puede vivir sin tomar determinados alimentos o, por lo menos, sin abusar de ellos. He aprendido a comer, a combinar los alimentos, a disfrutar de la comida. Estoy feliz”.

HomeStyle pregunta a…Elena Furiase

 

¿A qué te sabe Madrid?

“A casa, hogar, familia. Creo que no podría vivir en otro lugar que no fuera Madrid y, si lo hiciera, lo echaría mucho de menos por ese sabor tan personal que me provoca”.

¿Tres imprescindibles en tu vida?

“El mar, que está unido a la vegetación y naturaleza, humor y actividad”.

¿Una frase que sea como tu bandera?

“Lo malo no es tan malo y lo bueno es todavía mejor”.

Un aroma..

“El de un hombre, aroma varonil”.

Una pequeña gran cosa..

“La fe”.

De España te enamora..

“Todo. Su gente, el país tan bonito que tenemos, su diversidad. Me enamora todo”.

Una canción que te transporte a un momento inolvidable..

“Océano” de Djavan

Tu estilo de decoración..

“Tropical, salvaje”

Un color..

“El verde”

En Madrid te perderías en..

“En el barrio de Salamanca”.

Apoyas incondicionalmente..

“La verdad”

Babelia Restaurante
Callejón de Puigcerdá, 6
28001 MADRID
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