Óscar Higares en “Kulto”

 

Es un polvorilla. Sus neuronas creativas van a tal velocidad y quiere llegar a ejecutar tantas cosas, que una se agota con la sola intención de seguir su ritmo. No recuerdo ni cuánto hace ni cómo le conocí. Hay personas que llegan a tu vida para quedarse y no haces preguntas. Acostumbrado a estar rodeado en casa de mujeres (padre de tres niñas), Óscar Higares sabe todos los trucos para “torearnos” sin disimulo, como hace al más bravo y díscolo de sus toros. Es quien cocina en casa, así que le hemos dado descanso y le invitamos a almorzar en KULTO para hablar de gastronomía.

-¿Eres de estómago agradecido?
“Totalmente. Yo tengo estómago de pobre. Todo me sienta bien y todo me gusta”.

-Es un suerte no ser maniático para comer..
“Tengo cero manías. Me gusta comer sano, comer bien y disfruto muchísimo de la comida. Yo hago deporte, como tú sabes, y eso me permite después comer todo lo que me da la gana”.

-Eres el invitado perfecto…
“Sí te digo que hay algo que prefiero no tomar: las ostras. Si me invitan a una casa, las tomaría por educación, pero con mucha fatiga. Todo lo demás me encanta”.

-¿No ser remilgado a la hora de comer puede ser, en parte, porque siempre te acostumbraron a comer de todo?
“Es posible. De niño he comido de todo, nuca he sido tiquismiquis a la hora de comer. Todo lo contrario. Si recuerdo que no me gustaba el conejo, por ejemplo, pero ahora me encanta. Mi madre me engañaba y me decía que era pollo. Ahora lo tomo e, incluso, lo cocino al ajillo con un chorretón de vinagre para las niñas”.

-¿De dónde te viene esa afición a la cocina?
“De pequeño, yo siempre decía que quería ser “conicero”, no lo sabía decir ni bien ¡así que imagínate lo pequeño que era! Ahora, cualquier niño cocina, pero en mis tiempos no. No me recuerdo cocinando, pero sí a mi madre y mi abuela. A mí me gustaba enredar en la cocina, pero no sabía hacer nada. Cuando me independicé y empecé a entrenar para ser torero, comencé a hacer cosas en la cocina”.

-No sé si eres un chollo o atípico (risas)
“Las dos cosas.. pero más tirando a atípico, especial. Para muchas cosas, soy un tío muy diferente a los demás, a la mayoría por lo menos. Eso me gusta, me divierte”.

 -Gustándote todo ¿hay algún plato que no tomes por cuidarte?
“Hay que comer de todo, pero el sabor del cilantro no me gusta nada, por ejemplo. Me encanta la pizza y, por lo menos, una vez por semana la tomo. Tengo un ritual de irme solo, al salir de entrenar, al restaurante de mi amigo Mauri y me tomo una pizza de rúcula y jamón impresionante con una copa de vino. Ni de eso me privo. Yo tengo que comer bastante hidrato porque tiendo a adelgazar. Lo que no como nunca es bollería industrial”.

-¿El resto de los dulces sí?
“Todos. Me encanta el dulce. Yo me hago tortitas con harina de avena, leche de almendras y son mucho más sanas que las tradicionales. Se puede disfrutar de la comida de muchas maneras, haciéndola más sana y sin privarte de nada. Todo con moderación, eso sí”.

-¿En la mesa y en el juego se conoce al caballero?
“Sin duda. Al caballero se le conoce en las distancias cortas. La mesa es un buen lugar para fijarte en la gente. Los juegos son para caballeros. Si tú eres capaz de aceptar las derrotas, aprender de ellas y de los triunfos, estás creciendo”.

-¿Qué gestos no consientes en una mesa?
“No soporto la gente que habla alto, la que mastica con la boca abierta. A mis hijas es una cosa que siempre les he enseñado. Tampoco me gusta que se pongan los codos en la mesa o que se cante mientras comes, algo muy típico en los niños”.

-¿Comes rabo de toro?
“Sí. No lo he cocinado nunca, pero me gusta. La carne de rabo de toro es muy gelatinosa, parecida a la carrillera, muy jugosa y con mucho sabor. Mi madre lo cocina muy rico”.

-¿Cómo imaginas una velada perfecta?
“Si es en casa, mi mujer y yo solos, sin niñas. La imagino en verano, en el jardín, una buena música, muchas velas desperdigadas alrededor, no mucha luz, incienso y, a partir de ahí, prepararía sushi, sashimi, tartar de salmón o de atún. Algo así sería una velada perfecta”.

-¿Cuáles deben ser las virtudes de un buen anfitrión?
“El don de la palabra siempre tiene que prevalecer ante todo. Hacer una velada divertida es tarea del anfitrión. Conseguir reunir a un grupo de gente dispar, pero que congenien, es una excelente virtud. Sin grandes ostentaciones, tiene que conseguir que todo el mundo salga encantado. Con eso, un buen vino y buena conversación, son virtudes perfectas y el éxito está asegurado”.

-¿Eres de recibir o que te reciban?
“Soy de recibir, me gusta, me hace sentir más cómodo. Me gusta ver que la gente se sienta bien, atenderla, distraerla. Me gustas cuidar los detalles. Me encanta que venga gente a casa cuando hago cocido, por ejemplo. No es una comida lujosa, pero permite que tengas conversación alrededor de la mesa. Y eso me encanta. Además es una receta que nunca me falla”.

-¿Cuál es el plato que se te resiste?
“La paella. No me manejo bien con los arroces. Me sale mal hasta el arroz blanco”

-¿Se te conquista por el estómago?
“No, se me mantiene (risas) porque, como sabes, soy de comer mucho. Se me conquista con una buena conversación y con las manos. Yo soy mucho de tocar, de contacto, de piel. Lo necesito. Un abrazo dice mucho de una persona. Yo me fío de los que rechazan el contacto”.

HomeStyle pregunta a… Óscar Higares

-¿A qué te sabe Madrid?
“Me sabe a rapidez, velocidad, locura, poco tiempo…pero también me sabe a entender la vida de otra manera, disfrutando más de los otros tiempos”.

-¿Tres imprescindibles en tu vida?
“Una buena película, los besos de mis hijas y jugar con ellas, mi mujer…y un rato para mí solo”.

-Una frase que sea como tu bandera
“Vive sin miedo. Y, si me pidieras una palabra, sería “espectacular”

-Un aroma
“Nenuco”

-Una pequeña gran cosa
“Un huevo frito”

-¿Qué te enamora de España?
“Su gente, su luz, su forma de vivir”.

-Una canción que te transporte a un momento inolvidable
“Cualquiera de Vanesa Martín”.

-¿Tu estilo de decoración?
“Una mezcla entre clásico, minimalista y un toque muy personal con mis cuadros y esculturas”.

-¿Un color?
“El azul turquesa”.

-En Madrid te perderías en..
“Paseando por el casco antigüo”.

-Un apoyo incondicional..
“A mi mujer y mis hijas”

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