Un hogareño cottage en vacaciones…

Un caminante apoyado sobre su bordón se recrea en el tiempo encontrando el sosiego en las verdes colinas e interminables senderos apretados por la maraña de hiedras y fresnos que dejan asomar haces fluorescentes y parpadean suavemente entre las sombras. Aparecen mis visiones; los pájaros cantando y el agua salpicando las piedras en pequeñas cascadas que llevan a mis pensamientos a viajar por el tiempo y el espacio. Me quedo traspuesta durante un largo rato y soy capaz de alcanzar la felicidad absoluta; es como si flotase sobre una nube fresca de algodón, y después, al abrir los ojos, mi mundo se endulza como si esa nube hubiese sido de azúcar de colores deshaciéndose lentamente en mi boca.
Me adentro en un bosquecillo y rodeo con una curiosidad casi infantil la casa de campo escondida pero sin cercar a la salida de la pequeña aldea de cuento. Creo que no se trata de un Cottage, es de mayor tamaño, pero ni mucho menos hablamos de un ostentoso Manor.

¿Recordáis dónde vivían Elizabeth Bennet y sus hermanas en “Orgullo y Prejuicio”?

Siempre he tenido una obsesión enfermiza por descubrir los lugares decadentes que se ocultan y huyen del enloquecido mundo urbano, donde los instantes pasan fugaces y sin apenas chispa de magia.

Momentos con sabores auténticos e historias intrigantes surgen por casualidad a cada paso que avanzamos en los Cotswolds, como en la comedia romántica de Jane Austen, donde Keira Knightley, en su papel de mujer testaruda y apasionada se niega a casarse con un adinerado Lord por el simple hecho de su elevada posición social frente al amor verdadero y puro con el que sueña desde niña.

¡Qué fijación he tenido siempre por la cultura e historia de Inglaterra!

Aquí las casitas se me hacen especiales y únicas, son de techos empinados de paja, otras de pizarra, ventanas cuarteadas de hierro y colores, y fachadas de piedra caliza con sus arreates recibiéndote plagados de flores. Como si de un cuadro impresionista se tratara, sólo que en estos no aparecían por ningún lado señoras amorosas cocinando chutneys de fruta ó pasteles de apple crumble y vestidas de una llamativa pero estilosa austeridad que te hace sentir abrazado por este lugar. No es tu casa pero te acoge generosamente.

Despierto de mi ensimismamiento de azúcar y bajo el calor que arrasa Madrid estos días me pongo a restar con dedos el tiempo que queda para volver a adentrarme en mis ansiadas y fascinantes visiones.

¡Felices vacaciones, no dejéis de leernos!
Eternamente agradecida,

Ro 😉

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